Estoica bajo el sol del medio día espera ella. Pero no se hace drama. De aguantar firme sabe. Por algo hace años que es zaguera de las "santas", las multicampeonas del fútbol femenino. Escoltada de Mauricio y Facundo (su hijo y el primo) Alejandra está a la espera de su hermano, un tal César. El picarón va a zafar de los mosquitos, que están a full en la rotonda a la vera del cerro, y va a llegar para la foto. Aunque para él no hay reproches, porque se ganó el respeto (y la paciencia) de toda la familia Montiglio, luciendo la albiceleste "decana" en su pecho, claro.

"Esto de que uno represente a San Martín y el otro a Atlético puede servir para fomentar una competencia sana. Para que no haya una mala rivalidad", larga "Ale", que entendió a la perfección la idea, aún estando a pocos días de una nueva edición del clásico tucumano. La defensora sanmartiniana cuenta que a pesar de ser siete hermanos, todos repartidos en cuanto a preferencia de equipo, en el hogar de los Montiglio la previa al gran duelo se vive con suma tranquilidad, nada de objetos volando por el aire, o cosas por el estilo. "A César lo seguimos siempre. No importa que yo juegue en San Martín, quiero que a él le vaya bien porque es mi hermano", explica la player de 35 años, y mientras cuenta que en su carretel futbolístico queda hilo por lo menos para tres años más, llega "él".

El pillo se acerca, sonríe y al toque larga su coartada: "tuve que ir comprar cemento". Es que además del clásico inmediato, el volante "decano" tiene en la mira su futura casa, aquella que su papá y uno de sus hermanos le están ayudando a construir. "¿Saco mi camiseta del auto?, dice, y la sesión de fotos comienza. Para oír su versión de la previa al partido hay que estirar la espera. Pero la promesa quedó realizada.

Respeto y apoyo ante todo
Hombre de palabra, cumple. Y Montiglio se prepara para el cuestionario, otra vez como piloto, pero esta vez llegando a la práctica vespertina del día. Estaciona y habla tranquilo. "Obvio que siempre hay cargadas, pero en mi casa reina la paz a la hora de un clásico. Todos quieren que gane Atlético porque saben que yo soy el que vive de esto y ellos apoyan el profesionalismo", cuenta, y no esconde para nada sus ganas de triunfar en el clásico que está al caer.

El que al menos uno de los Montiglio haya elevado el apellido en lo alto del fútbol tucumano, jugando en Primera por ejemplo, hace que la familia tire un poquito más por los colores "decanos" a la hora de alentar. Sin embargo, es el propio César el que no olvida a su hermana, la especialista en gritar campeón con las "santas". "No pude verla en partidos por el campeonato porque no nos dan los tiempos, pero se que de chica juega muy bien y si hubiese sido varón hubiera llegado mucho más lejos de lo que yo llegué", dice el volante. Importante sentencia la del hombre, que reconoció sin dudar la gran categoría de Alejandra y le otorgó la importancia que muchas veces, por ser parte del fútbol femenino, no se le destaca.

Es que si algo dejaron en claro los Montiglio es que el amor por la camiseta es mucho más grande cuando se acompaña en familia, aunque sea vistiendo diferente.